Prevención · 4 min
Prevención y alcohol: por qué comprobar antes de conducir
Nadie decide conducir pensando que está en mal estado. El problema es que la herramienta con la que evaluamos nuestro estado es justo lo que el alcohol deteriora.
La sensación llega tarde y mal
La percepción del propio estado se vuelve optimista con el consumo, y suele basarse en señales poco fiables: hablar con normalidad, caminar recto o no notar mareo.
A esto se añade la variabilidad individual: la misma cantidad afecta de forma distinta según el peso, la comida, el descanso o el metabolismo.
El alcohol sigue subiendo después de la última copa
La absorción continúa un tiempo tras dejar de beber, de modo que el punto máximo puede llegar cuando ya se ha salido del local.
Por eso un test bajo no es una autorización: es información sobre un instante concreto que puede empeorar poco después.
Qué aporta medir en el propio local
Dato en el momento útil
Antes de coger las llaves, no al día siguiente.
Conversación más fácil
Con una cifra delante, decidir quién conduce deja de ser un reproche.
Hábito
Comprobar se convierte en rutina, incluso cuando el resultado es bajo.
Alternativas a tiempo
Taxi, transporte público o esperar siguen siendo opciones.
La recomendación no cambia
Ningún test convierte el alcohol en seguro. La recomendación es siempre la misma: si has bebido, no conduzcas.
El valor del test está en que la decisión no dependa exclusivamente de una sensación.
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